Altamira, Tam.- Criar a un hijo durante sus primeros años de vida es un reto complejo, pero hacerlo desde el interior de un centro penitenciario redefine por completo el significado de la maternidad. Esta es la realidad de Claudia, una mujer privada de la libertad que vive su maternidad tras los muros del Centro de Ejecución de Sanciones (CEDES) de Altamira, aferrada al amor de su pequeño hijo de dos años y tres meses de edad.
Claudia y su hijo forman el único binomio madre-hijo que actualmente reside en este centro penitenciario. Saben que el tiempo corre, pues la legislación permite que las infancias permanezcan al interior de las instituciones de reclusión únicamente hasta cumplir los tres años de edad.
Por ello, cada día cuenta en su preparación para el futuro fuera de los muros.
A pesar de las condiciones de reclusión, la rutina de Claudia y su pequeño se transforma gracias a un esfuerzo interinstitucional entre la Secretaría de Seguridad Pública de Tamaulipas (SSPT) y el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE). El centro cuenta con un «espacio amigable con enfoque de infancia», un área adaptada donde el menor recibe educación inicial y estimulación temprana por parte del Departamento de Psicología.
Para Claudia, estas sesiones no solo representan un beneficio educativo para su hijo, sino una escuela para ella misma, donde adquiere herramientas esenciales sobre crianza respetuosa. Durante la estancia del menor, la Subsecretaría de Ejecución de Sanciones y Reinserción Social de la SSPT garantiza servicios prioritarios como alimentación y atención médica para asegurar el interés superior del niño.
La vida en el área femenil del CEDES también exige buscar el sustento diario. Gracias a los talleres de capacitación para el trabajo, Claudia ha aprendido a elaborar manualidades con fieltro, foami y tazas personalizadas. La venta de estos productos le permite generar ingresos económicos propios para solventar las necesidades de ambos.
El desarrollo psicosocial del pequeño también encuentra cauce en la vida comunitaria del penal. Regularmente, Claudia juega voleibol con sus compañeras de módulo, quienes integran al menor permitiéndole estar cerca de la cancha en un ambiente de sana convivencia. Asimismo, los días de visita general se convierten en momentos clave para el niño, quien aprovecha para jugar e interactuar con los hijos de otras internas que ingresan desde el exterior.
Yolanda Garibay Caballero, directora del CEDES Altamira, explicó que el proceso de transición para cuando el menor deba abandonar el centro al cumplir los tres años se apoya de múltiples formas, buscando siempre salvaguardar su integridad física y emocional. Mientras esa fecha llega, Claudia y su hijo continúan demostrando que, incluso en un entorno de reinserción social, el derecho a una infancia digna y el amor de una madre no conocen barreras.




