En la política local hay una constante que se repite con preocupante frecuencia: a muchos funcionarios públicos simplemente no les gusta dar la cara. Evaden, se esconden y, cuando no les queda de otra, improvisan respuestas que evidencian desconocimiento o una alarmante falta de compromiso con su función.
Y es que no se trata de un favor ni de una concesión. Hablar ante los medios de comunicación es una obligación inherente al cargo. Es parte del deber de todo servidor público garantizar el derecho a la información, rendir cuentas y transparentar el ejercicio del poder. Pero parece que para algunos, esto sigue siendo opcional.
Los ejemplos sobran. Ahí está el caso de Gerardo Soto Najar, jefe de Servicios Públicos en Ciudad Madero, quien ha convertido la evasiva en rutina. Cuando los reporteros solicitan una entrevista, la respuesta es casi automática: “tengo reunión”, “ese tema lo verá el alcalde” o cualquier pretexto que sirva para esquivar los cuestionamientos. Y cuando finalmente accede a hablar, el resultado es aún más preocupante: respuestas vagas, desconocimiento de los temas y una evidente falta de preparación.
Resulta inaceptable que quien está al frente de un área tan sensible para la ciudadanía como lo son los servicios públicos, no tenga claridad sobre los asuntos que le competen o, peor aún, que prefiera evadirlos. La recolección de basura, el alumbrado, el mantenimiento urbano… no son temas menores, son parte del día a día de miles de ciudadanos que merecen respuestas claras.
¿Entonces para qué están en el cargo? ¿Para administrar responsabilidades o para repartir excusas?
El problema no es menor. Un funcionario que no informa, que no responde y que no enfrenta a los medios, es un funcionario que le falla a la ciudadanía. Porque el silencio no es neutral: es opacidad. Y la opacidad, en el servicio público, siempre genera sospechas.
La relación entre gobierno y medios no debería ser de confrontación ni de evasión, sino de responsabilidad. Los periodistas no están ahí para incomodar por capricho, sino para cuestionar en nombre de la sociedad. Negarse a responder no elimina los problemas, solo los agrava.
Hoy más que nunca, la ciudadanía exige transparencia, claridad y, sobre todo, funcionarios que estén a la altura del encargo que se les confió. No se vale cobrar como autoridad y comportarse como espectador.
Porque al final del día, el cargo público no es un privilegio para esconderse… es una responsabilidad para dar la cara.
Por hoy es todo lector amable, nos estaremos leyendo en nuestra próxima entrega, que tengan ustedes un excelente día.

