La Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Tamaulipas resolvió su relevo sin conflicto. Eso, aquí y en China, es poder, control, y no es normal que alguien le llame simplemente: “gratitud”.
Elda Ruth de los Reyes Villarreal quedó al frente de la Dirección de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (FADYCS), para el periodo 2026-2030 sin necesidad de empujar, presionar o exhibir fuerza. Nadie le disputó en serio. Y cuando eso ocurre en el ambito que sea, por supuesto que hay una realidad: la elección ya estaba decidida antes de que empezara.
No es un juicio, es un hecho, pero, tampoco es gratis.
Esa facultad no es ajena a los grupos, ni a los intereses, ni a las disputas que suelen acompañar estos procesos. Ha pasado antes. Por eso llama la atención que esta vez no haya habido fractura visible.
Algo hizo bien.
Su trayectoria como catedrática le dio algo que no se compra en campañas: reconocimiento cotidiano. No de evento, de trato. En un entorno donde los estudiantes y docentes identifican rápido quién está y quién sólo aparece, esa diferencia pesa.
Y pesó… por cierto, hay quienes nunca volveran.
La elección fue tersa, sí. Pero lo terso en política no es ausencia de operación, es operación bien hecha, con calidez y humanismo.
Ahora viene lo que normalmente se evita decir.
Dirigir esa facultad implica algo más que administrar estabilidad. Es un espacio donde se forman perfiles que terminan en juzgados, despachos, administraciones públicas. Si el nivel baja, se nota afuera. Si se estanca, también.
No hay margen para cuatro años planos.
Elda Ruth llega con ventaja: aceptación amplia y desgaste mínimo. Pero eso no es garantía, es punto de partida. El crédito político se agota rápido cuando no se traduce en decisiones.
Y ahí es donde muchas gestiones se caen.
Aquí no hubo épica. No hizo falta. Hubo control, que es otra cosa. Más discreta, más efectiva… y ella niega todo esto, solo dice: ¡gracias!
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En el Congreso, la escena es otra.
Humberto Prieto Herrera encabezó la comparecencia de Silvia Casas y Antonio Varela por la glosa del informe de Américo Villarreal Anaya.
Exponen avances. Responden preguntas. Se cumple el formato.
Nada se sale del guion.
La rendición de cuentas, otra vez, ocurre sin sobresaltos. La diferencia es que aquí la ausencia de conflicto no necesariamente significa control… a veces significa costumbre.
Y esa sí es más difícil de romper.
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