Al pitcher se le acabó el gas

Por más que intenten ocultarlas, en el beisbol hay señales que no se pueden ignorar.
Son evidentes.

El brazo ya no responde.
La recta pierde velocidad.
Y lo peor: el pitcher deja de leer el juego… y empiezan las macaneadas.

Eso es exactamente lo que hoy le está pasando al Partido Acción Nacional en Tamaulipas. Y conste: su pitcher nunca fue bueno. Nunca tuvo condición. Pero hoy, además, ya ni controla la bola.
En el dugout azul todos esperan la señal.

La convocatoria para renovar el Comité Estatal no sale.
Está detenida en la mano del manager nacional, Jorge Romero Herrera.

Y mientras el reloj corre, en las gradas —léase, la militancia— ya no hay paciencia.
Le están gritando que haga el cambio.
“El Cachorro” Cantú ya tardó en soltar la bola.
Y cuando un pitcher no suelta… es porque está fuera de control.
Pero aquí no es beisbol. Es política.

Y el problema no es sólo el tiempo. Es el manejo del juego.
Dentro del PAN ya no se guardan nada. Militantes y cuadros empiezan a cuestionar abiertamente la pasividad de su dirigencia. Pero hay una jugada que muchos están dejando pasar: el control del partido no está en Tamaulipas… está en el centro del país.
“El Cachorro” es el único tamaulipeco en la Comisión Permanente del CEN.
Y es ahí —no en cafés, ni en promesas de campaña— donde se definen las candidaturas.
Así de claro.

Quien crea que ya tiene asegurado su turno… está en el aire.
Porque en esa mesa —donde se sientan 40 perfiles— se arma el line up.
Ahí se decide quién juega… y quién se queda en la banca.

Por eso el mensaje es directo: calma.

A César Verástegui Ostos, el “Truko”, le urge el juego. Lleva más de un año calentando brazo, moviendo piezas, “prometiendo posiciones”, recorriendo el terreno como si ya hubiera ganado el partido.
Pero en política —como en el beisbol— no gana el que más tiempo calienta.
Gana el que conecta en el momento clave.
Y ese turno… todavía no llega.

El fondo del conflicto está en el método de elección.
Si se juega con la militancia —método ordinario— el terreno se abre: hay participación, sí, pero también riesgo… operación externa, compra de votos, intervención de tercero (por no decir de morena).
Si se va por consejo —método extraordinario— el juego se cierra: poco más de 100 consejeros deciden. Y ahí, la historia cambia, pero, elije el PAN.

Pero, al final, el que canta el playball no está en Tamaulipas.
No es el Cachorro.
Es Jorge Romero.
Y punto… por cierto, a ver ignorantes: en Durango y Zacatecas, ya fue por consejo, y no por voto abierto.

En fin… mientras tanto, el PAN sigue jugando entradas sin estrategia, con bullpen desgastado y sin ajustes desde la banca.
Y si esto no cambia, la pregunta ya no es quién será el próximo pitcher.

La pregunta es si Acción Nacional llegará competitivo al juego.

Porque cuando un pitcher pierde el control… no pierdes una carrera. Se te va todo el partido.
Y en Tamaulipas, el PAN ya juega en desventaja.

En la intimidad… Lo siguuiente se puede resumir en una sola frase: que a nadie se le ocurra meterse con Odontología.

El rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, encabezó una jornada en la Facultad de Odontología del campus Tampico que confirma algo: ahí sí hay rumbo.

Tomó protesta al doctor Rogelio Oliver Parra para el periodo 2026–2030, en una facultad que hoy compite a nivel nacional.
La apuesta es clara: infraestructura, tecnología y calidad.

Un nuevo edificio con 38 unidades dentales, laboratorios especializados y herramientas de última generación como inteligencia artificial e impresión 3D.

Pero más allá del equipo, hay fondo: el 100 por ciento de la matrícula está en programas acreditados.
Y eso, en tiempos donde la política improvisa… pesa.

El nuevo director lo entiende: ampliar cobertura, fortalecer formación y mantener impacto social con programas como “Sonrisas del Bienestar”.

Mientras unos pierden el control del juego…

otros ya están jugando en otra liga.

Y ahí, la formación sí está dando resultados.

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