En política económica, los discursos suelen inflarse con facilidad. Esta semana, desde el corazón de Tamaulipas y epicentro del mundo, Ciudad Victoria, la narrativa oficial colocó a la entidad en “su mejor momento”. La frase fue pronunciada por María Bárbara Botello Santibáñez, directora del Plan de Marca Nacional “Hecho en México”, durante la entrega de distintivos “Hecho en Tamaulipas” y la declaratoria de Indicación Geográfica de la Cuera Tamaulipeca.
El gobernador Américo Villarreal Anaya fue presentado como un mandatario con visión industrial clara, alineado a la estrategia federal que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum y operada desde la Secretaría de Economía por Marcelo Ebrard. El mensaje central: producir más en México, reducir importaciones y fortalecer el contenido nacional.
El contexto global obliga a los estados fronterizos a repensar su papel en las cadenas de suministro. Tamaulipas, por su ubicación estratégica, tiene ventajas logísticas y vocación manufacturera. Pero entre el distintivo y la competitividad hay una brecha que no se cierra con ceremonias.
La declaratoria de Indicación Geográfica otorgada por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), es la primera protección de este tipo para un producto tamaulipeco.
La Cuera Tamaulipeca deja de ser sólo símbolo y adquiere blindaje jurídico. Con ello, se protege su autenticidad y se limita la comercialización de imitaciones. En teoría, el valor agregado debe quedarse en la región y beneficiar directamente a los artesanos que la elaboran, principalmente en municipios como Tula y Victoria.
Sin embargo, la experiencia en otras entidades demuestra que una Indicación Geográfica no garantiza por sí misma prosperidad. Requiere organización comunitaria, control de calidad, comercialización estratégica y vigilancia constante para evitar simulaciones. El desafío ahora es administrativo y comercial, no ceremonial.
Durante el evento también se entregaron certificados “Orgullo Tamaulipeco” a emprendedores locales. La secretaria de Economía estatal, Ninfa Cantú Deándar, habló de colocar a las personas en el centro de la política económica y vincular los productos locales con estándares nacionales e internacionales.
Las pequeñas y medianas empresas en Tamaulipas enfrentan costos energéticos elevados, volatilidad en insumos importados y un entorno de competencia desigual frente a grandes cadenas. La estrategia de distintivos puede ayudar en posicionamiento, pero sin financiamiento accesible, capacitación técnica sostenida y acceso real a mercados internacionales, el impacto se diluye.
La política industrial requiere consistencia presupuestal y reglas claras. No basta con elevar el discurso del “Hecho en México”; se necesita blindar a los productores frente a prácticas desleales y garantizar condiciones de seguridad en carreteras y zonas logísticas, un punto sensible en el estado.
El optimismo oficial contrasta con una realidad donde la confianza empresarial aún se construye día a día.
En la intimidad… Mientras el gobierno estatal proyecta una narrativa de impulso productivo, enfrenta otro frente menos mediático: la infraestructura hospitalaria.
El secretario de Obras Públicas, Pedro Cepeda Anaya, ha reconocido que al inicio de la administración se encontraron hospitales y clínicas en deterioro. Entre octubre de 2022 y 2025, la administración de Américo Villarreal Anaya reporta una inversión superior a 630 millones de pesos en rehabilitación y modernización.
Entre las obras señaladas se encuentran el Hospital General Dr. Alfredo Pumarejo en Matamoros, la recuperación del Hospital Civil de Madero, la ampliación del Centro de Rehabilitación y Educación Especial y mejoras en el Centro Oncológico de Ciudad Victoria.
La cifra es relevante, pero la evaluación real no se mide en montos ejercidos sino en tiempos de atención, disponibilidad de especialistas, abasto de medicamentos y calidad del servicio.
En Tamaulipas, como en el resto del país, la legitimidad de cualquier proyecto económico termina por medirse en el bienestar tangible de la población. Los distintivos fortalecen identidad; la infraestructura sanitaria fortalece confianza.
El discurso habla de “mejor momento”. La ciudadanía, en cambio, evaluará resultados.
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