Ciudad Madero, Tamps.- En el umbral de la renovación de la dirigencia estatal del Partido Acción Nacional en Tamaulipas, el debate interno ha dejado de ser un asunto de pasillos para convertirse en un pulso abierto sobre la esencia misma de la democracia partidista. A semanas de que se formalice la convocatoria, las tensiones entre corrientes han evidenciado una disputa de fondo: ¿deben ser los consejeros quienes designen a la nueva dirigencia o corresponde a la militancia ejercer el voto directo?
Francisco Castañeda Cruz, expresidente del PAN en Ciudad Madero y figura activa en la vida interna del partido, sostiene que el momento exige definiciones claras. En entrevista, defendió que la competencia entre grupos no debe interpretarse como fractura, sino como expresión natural de pluralidad. “Yo veo que se está ejerciendo la democracia y eso implica pues la formación de distintos aspirantes a contender por la dirección estatal del partido Acción Nacional en Tamaulipas”, afirmó.
La contienda interna se perfila entre dos bloques identificados: uno respaldado por Gloria Garza y Cesar Verástegui, y otro encabezado por Omeheira López e Ismael García Cabeza de Vaca. Para Castañeda, más allá de los nombres, lo sustantivo es el método. “Aquí se está solicitando uno que ya se haga el cambio de directiva; dos, que se elija por los militantes, que los militantes son los que decidan por sus dirigentes. Y hay otra corriente, gente que pide que sea por consejeros nada más”, explicó.
En términos estatutarios, el PAN contempla ambos mecanismos, pero la definición política impactará directamente en la cohesión interna y en la legitimidad de quien resulte electo. De fondo subyace una preocupación que Castañeda no oculta: evitar prácticas que en la cultura política mexicana han sido asociadas con el centralismo y el control cupular.
“Considero que lo más democrático es que los mismos militantes somos los que decidamos quiénes nos van a dirigir”, subrayó. Y fue más explícito al advertir sobre los riesgos de un proceso limitado al consejo estatal: “Porque entonces estaríamos cayendo a un vicio simulado de democracia en la que los consejeros pueden meter mano, como quien dice vulgarmente, digamos, el dedazo que se le dice en la política”.
La referencia al “dedazo” evoca una práctica históricamente asociada al presidencialismo priista del siglo XX, en la que la designación vertical sustituía a la competencia abierta. Castañeda considera que replicar esquemas cerrados erosionaría la credibilidad del PAN en un momento en que el sistema de partidos enfrenta una profunda reconfiguración.
El exdirigente maderense situó la discusión en un horizonte estratégico: las elecciones de 2027 y 2030. En esos procesos se renovarán gubernaturas y múltiples cargos de elección popular. “Aquí se trata de que no salgamos divididos, que no salgamos enojados y que todos salgamos unidos y contentos para poder trabajar para las próximas elecciones que son el 27 y el 30”, expresó.
La unidad, insiste, no puede construirse sobre exclusiones. Desde su perspectiva, el voto directo no solo legitima a la dirigencia, sino que fortalece la identidad partidista. “Para mí sería lo ideal que los mismos militantes decidamos para que tengamos nosotros la capacidad y la oportunidad de ser partícipes también de los distintos puestos de elección popular y no solamente quede en algunos que son elegidos directamente sin el consenso de la mayoría de los panistas”, afirmó.
En su diagnóstico, la experiencia reciente ha dejado lecciones. “Creo que ya es momento de cambiar. Creo que las experiencias anteriores no han sido muy buenas. Hoy es momento de hacer un cambio, volver a los ideales y los procedimientos que teníamos antes para elegir a nuestros representantes. Creo que es lo más saludable, lo más sano y así saldríamos unidos y más fortalecidos”, sostuvo.
La apelación a los “ideales anteriores” remite a la tradición doctrinaria del PAN, fundada en la participación ciudadana y en la deliberación interna como contrapeso a las prácticas hegemónicas. Castañeda plantea que recuperar ese espíritu podría ser un antídoto frente al desgaste que han experimentado otras fuerzas políticas.
En la entrevista, aludió al declive del Partido de la Revolución Democrática y al desgaste del Partido Revolucionario Institucional. “Hay que aprovechar que el otro partido enfrente está resquebrajando internamente, como ya se esperaba que entre ellos mismos se atacaran, que hubiera una acción autoinmune como la que está sucediendo actualmente en el partido contrario”, señaló.
El concepto de “acción autoinmune” sugiere una organización que se debilita a sí misma por conflictos internos. En ese sentido, Castañeda considera que el PAN tiene una ventana de oportunidad para consolidarse, siempre que evite reproducir dinámicas que históricamente criticó en sus adversarios.
Más allá del debate procedimental, la discusión revela tensiones estructurales en los partidos vigentes: la pugna entre élites y bases, entre eficacia organizativa y apertura participativa. En términos jurídicos, la elección por consejeros puede ser plenamente válida si se ajusta a los estatutos; sin embargo, la legitimidad política —entendida como aceptación y reconocimiento de la militancia— depende de la percepción de equidad y transparencia.
La eventual exclusión del padrón militante podría generar impugnaciones internas y fracturas que, en escenarios extremos, desemboquen en renuncias o en litigios ante instancias jurisdiccionales electorales. Aunque Castañeda no anticipa un escenario de judicialización, su insistencia en el voto directo apunta a blindar el proceso frente a cuestionamientos posteriores.
“Nosotros queremos participar, queremos que a los militantes se les tome en cuenta para ser presidentes, para ser diputados, etcétera. Eso es lo que nosotros queremos y volver a las costumbres e ideales anteriores”, reiteró.
La renovación de la dirigencia estatal en Tamaulipas no solo definirá liderazgos; marcará el tono del PAN rumbo a un ciclo electoral decisivo. En un entorno político caracterizado por la polarización y por la competencia cerrada en diversas entidades, la cohesión interna puede ser tan determinante como la estrategia externa.
Para Castañeda, la ecuación es: apertura equivale a fortaleza. Cierre, a riesgo. El desenlace de la convocatoria y el método que finalmente se adopte enviarán una señal sobre la capacidad del PAN para reconciliar tradición y pragmatismo, participación y disciplina.
En palabras del propio exdirigente: “Lo más democrático es la decisión por toda la gente que se encuentra en el padrón del partido”. La frase resume una disputa que trasciende nombres y corrientes, y que coloca en el centro una pregunta clásica de la teoría política: ¿quién debe decidir en una organización que aspira a gobernar? La respuesta, en Tamaulipas, está por definirse.
Castañeda exige voto directo en el PAN de Tamaulipas

