Entre la Sonda y la Esperanza: La Lucha de una Abuela por Salvar a su Nieto

Altamira, Tam.- En el fraccionamiento Haciendas II, el tiempo no se mide en horas, sino en respiraciones. Para María Luisa Flores, cada minuto es una batalla vigilante contra el silencio, ese que podría indicar que su nieto, de apenas un año y ocho meses, ha dejado de respirar.

Con la voz quebrada por el cansancio acumulado, pero con la determinación que solo el amor incondicional otorga, María Luisa relata una realidad que pocos podrían resistir. Su nieto nació para luchar: padece una malformación en el esófago que le impide ingerir alimentos, obligándolo a depender de una sonda para sobrevivir. A esto se le suma un diagnóstico de autismo y una hernia que complica aún más su frágil estado de salud.

La historia del pequeño está marcada por una dolorosa ausencia. Ante la complejidad de sus padecimientos, su madre biológica decidió marcharse hacia Ébano, San Luis Potosí, dejando atrás la responsabilidad de su cuidado. Desde ese primer respiro, fue María Luisa quien tomó el lugar que quedó vacío.

«El niño es mío, yo lo cuido desde que nació», afirma con firmeza. Sin embargo, la devoción absoluta tiene un costo. La vigilancia constante que requiere el menor —quien se enferma a diario por la acumulación de flemas y corre riesgo de asfixia incluso con su propia saliva— impide que María Luisa tenga un empleo formal. Su sustento depende de la venta de ropa usada en los «rodantes» y de la caridad de vecinos que se han convertido en su red de soporte.
El obstáculo: Una bacteria y 200 mil pesos

Aunque el menor cuenta con seguridad social a través de su padre, un joven de 21 años, el sistema de salud no ha podido ofrecer la solución definitiva. Según explica la abuela, la presencia de una bacteria ha frenado los traslados necesarios en el IMSS, mientras que una cirugía previa, lejos de sanarlo, dejó complicaciones adicionales tras seis meses de hospitalización.

Hoy, la vida del niño tiene un precio que la familia no puede costear por sí sola: 200 mil pesos. Este recurso es indispensable para una intervención quirúrgica urgente que podría cambiar el destino del pequeño, permitiéndole, quizás por primera vez, respirar y alimentarse sin dolor.

María Luisa no pide lujos, pide una oportunidad de vida para quien no puede pedirla por sí mismo. «No puedo dejarlo solo ni un momento porque se puede ahogar», confiesa, reflejando el agotamiento de quien vive en alerta permanente.

La comunidad tiene ahora la palabra. La meta es alta, pero la urgencia lo es más. Para quienes deseen sumarse a esta causa y ayudar a que este guerrero de Altamira gane su batalla, se ha puesto a disposición la siguiente cuenta: Banco: Tarjeta de débito Número de Cuenta: 4152 3144 8039 4710, a nombre de: María Luisa Flores.

En un mundo que a veces parece dar la espalda a los más vulnerables, la historia de María Luisa y su nieto es un recordatorio de que la esperanza, a veces, depende de la mano que decidamos extender.