El discurso convertido en estructura

El 2026 que llega va a ser diabólicamente desafiante para el gobernador Américo Villarreal Anaya, y los 43 alcaldes, particularmente para los presidentes afines al régimen cuatroteísta.

Por eso, mientras llega el fuego. En el Ayuntamiento de Tampico comenzaron a alinearse las vigas maestras. El “Informe Comparativo de Licitaciones” presentado por José Rogelio Ontiveros Arredondo, titular de Obras Públicas, Desarrollo Urbano y Ecología, no sólo fue un documento técnico exigido por la alcaldesa Mónica Villarreal Anaya; fue, en realidad, la prueba de carga que soporta la narrativa sobre eficiencia gubernamental, ritmo de ejecución y capacidad real de cimentar la ciudad.

La administración anterior dejó su huella, sí, con 37 contratos en 2022 y 41 en 2023. Sin embargo, el andamiaje que hoy sostiene Tampico comenzó a robustecerse en 2024, primer piso formal de la era Villarreal Anaya: 27 contratos ejecutivos, bien trazados, bien calculados. Pero es en 2025 donde el concreto realmente fragua: 70 contratos adjudicados, 65 en obra pública y 5 en servicios relacionados. No es sólo estadística; es expansión de frente de obra, multiplicación de frentes activos, mayor capacidad de supervisión y, sobre todo, un liderazgo técnico que no improvisó.

Este incremento no responde a un capricho político de Mónica, ni de Ontiveros, tampoco a la urgencia de llenar calles de maquinaria para una simple fotito. Responde a un modelo de planeación, a una bitácora ejecutiva cuidadosamente diseñada y a una supervisión permanente que Rogelio Ontiveros ha sabido encabezar con un perfil bajo, pero con el peso específico de quien entiende que una ciudad no se sostiene con discursos, sino con cimientos normativos, procesos claros y ejecución sin grietas, así, tal se lo encomendó Villarreal Anaya.

Mientras algunos funcionarios disfrutan el reflector, la selfie y el ruido del aplauso, Ontiveros trabaja como esos ingenieros que prefieren hablar con resultados; licitaciones transparentes, procesos sólidos, contratistas alineados a norma y proyectos con trazabilidad. Técnicamente, el Ayuntamiento pasó de un esquema de mantenimiento básico a un modelo de ampliación estructural, casi duplicando el nivel de contratación y triplicando la capacidad operativa, lo que se traduce en infraestructura útil, verificable y de largo alcance.

El informe lo deja clarol. La administración de Mónica Vilarreal endureció su estructura, reforzó sus columnas y tiró líneas más ambiciosas para la obra pública. Aquí no hubo improvisación; hubo dirección de proyecto, cálculo de materiales, ruta crítica y, sobre todo, voluntad política para levantar más que concreto, por su puesto, la intangible confianza ciudadana.

En la intimidad… Mientras en obra pública se compacta terreno y se eleva estructura, en las finanzas municipales también hubo obra mayor. Mónica Villarreal cerró el 2025 con más de 180 millones de pesos adicionales, alcanzando un presupuesto de 1,462 millones. Ese excedente no cayó del cielo, nouuu, es producto de recaudación fortalecida, control de ingresos, eliminación de filtraciones financieras y disciplina en el gasto.

Los ingresos entran diariamente al banco, generan rendimiento y regresan convertidos en política pública tangible. El dinero dejó de ser flujo difuso para convertirse en material estructural; obra, equipo, movilidad gubernamental, bienestar social, digitalización de la función pública.

Mónica Villarreal deja claro que en Tampico ya no se construyen ilusiones; se edifican resultados, con ingeniería financiera, planeación operativa y dirección política. Y mientras algunos buscan escenario, otros —como Silvia Santamaría Góngora— prefieren seguir colocando pilares silenciosos… pero indispensables. Porque al final, los reflectores se apagan; las obras y los resultados quedan.

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