Tampico, TAM.- A sus 73 años, Jesús González Hernández camina despacio apoyado en su bastón al padecer ceguera, pero con el corazón firme y agradecido. Vive en la colonia Morelos de Tampico y desde los 21 años mantiene una promesa: visitar cada 12 de diciembre a la Virgen de Guadalupe, a quien asegura le salvó la vida en el momento más crítico que haya enfrentado.
Su historia comienza en el Golfo de México, hace más de cinco décadas. Jesús era pescador y trabajaba en una pequeña embarcación junto a otros compañeros, cerca de la frontera entre Matamoros y las costas de Estados Unidos. Era temporada de frío cuando, durante una mala maniobra, la lancha volcó repentinamente.
“El agua estaba helada… y lo primero que vi fue un hervidero de tiburones alrededor”, recuerda. Entre la desesperación, se despojó de chamarras, botas y ropa pesada para poder nadar. Pero hubo algo que nunca se quitó: el escapulario de la Virgen de Guadalupe colgado en su pecho.
Ahí, en medio del mar y rodeado de peligro, Jesús hizo una oración que cambiaría su vida para siempre.
“Le pedí a la Virgencita que no me dejara morir. Yo sentí que ella iba conmigo, que me daba fuerzas para seguir nadando”, cuenta con voz temblorosa. Durante cerca de veinte minutos luchó contra el frío, la corriente y el miedo. Cuando por fin pisó la orilla y se incorporó, lo primero que hizo fue mirar al cielo y agradecer.
Desde ese día, Jesús se considera “un hijo protegido por la Guadalupana”. Con el paso del tiempo la vista se le desgastó, necesita bastón para caminar y enfrenta problemas de salud, pero nada detiene su devoción. Cada diciembre, con paciencia y fe, sale de su casa para visitar a la Virgen y cumplir lo que prometió a los 21 años: agradecerle por haberlo salvado.
“Mi vida ha tenido muchos problemas, pero ella nunca me ha dejado”, dice mientras sostiene el escapulario que conserva desde aquella juventud marcada por el milagro.
Este año, a unos días de cumplir 74, volvió una vez más al templo. No llega con lujos ni ofrendas grandes. Llega con algo más profundo: un corazón que reconoce que estuvo a un suspiro de la muerte y que, según él, fue rescatado por la Virgen Morena.
Para Jesús González, cada 12 de diciembre no es solo una fecha. Es el recordatorio de que, en el mar más oscuro de su vida, hubo una luz que lo acompañó: la Virgen de Guadalupe. Y por eso, mientras tenga fuerzas para caminar, seguirá viniendo a darle gracias.

