Mientras el país entero vive tiempos convulsos en materia política, social y económica, hay gestos institucionales que, aunque simbólicos, conservan un hálito de esperanza. Este 10 de junio, el Congreso Libre y Soberano de Tamaulipas se convirtió en un escenario de civismo y proyección democrática al recibir a niñas y niños que participaron en la edición número 15 de “Diputadas y Diputados por un Día 2025”.
El acto no fue mera decoración. En el corazón del recinto legislativo, cada curul fue ocupada por estudiantes de educación básica que, por unas horas, asumieron con dignidad y entusiasmo el rol de representantes populares. La sesión fue presidida por el presidente de la Junta de Gobierno (JUGOB), Humberto Prieto Herrera, quien reconoció con firmeza a estos pequeños grandes tamaulipecos por su esfuerzo y disciplina desde edades tempranas.
Que un menor tenga la oportunidad de pararse en tribuna, levantar la voz y expresar ideas frente a las más altas autoridades del estado, puede ser una experiencia que marque su vida para siempre.
Es también, sin duda, una estrategia institucional que, si se consolida, puede formar generaciones conscientes de su papel en la sociedad. En un país donde apenas el 18% de los jóvenes entre 18 y 29 años confía en los diputados locales (según datos de la Encuesta Nacional de Cultura Cívica del INEGI 2021), gestos como este ayudan a reconstruir vínculos rotos entre la ciudadanía y el poder.
No se trata solo de simulación, sino de formación. Y es ahí donde el Congreso 66 debe apostar con mayor profundidad, más allá del protocolo: invertir en programas de seguimiento, mentorías y espacios de participación reales para estos menores que ya mostraron vocación democrática. Porque Tamaulipas necesita más ciudadanía crítica y menos clientelismo; más educación cívica y menos simulación política.
En palabras del propio Humberto Prieto Herrera: “Ustedes son el ejemplo de lo que se puede lograr cuando uno se pone metas claras y trabaja con constancia para alcanzarlas”. Ojalá ese compromiso no quede sólo en discurso, y se traduzca en políticas públicas concretas que acompañen a estos futuros líderes en su crecimiento.
En la intimidad… En Altamira, mientras el Congreso de los niños se desarrollaba, se vivió otro acto que, sin tantos reflectores, también deja huella.
El presidente municipal, Armando Martínez Manríquez, encabezó la colocación de la primera piedra de lo que será el nuevo Cuartel General del Heroico Cuerpo de Bomberos, una obra de infraestructura social que pone al centro a quienes casi siempre están al margen de los presupuestos: los rescatistas.
Con una inversión cercana a los 15 millones de pesos, esta nueva estación será erigida en la zona centro del municipio, en el libramiento de tráfico pesado, un punto estratégico para atender emergencias de forma más eficaz.
La anterior estación, inaugurada en 2016 y demolida en 2023, tenía fallas estructurales que comprometían la vida de los bomberos. Hoy, la historia comienza a escribirse con otra narrativa, gracias a la voluntad política y la correcta aplicación de recursos públicos.
Aunque no estuvo presente en el evento, el respaldo del gobernador Américo Villarreal Anaya fue clave para que este proyecto caminara. Su gestión ha priorizado la coordinación con los municipios, y Altamira es muestra clara de cómo la relación institucional puede dar frutos tangibles cuando hay voluntad compartida. El doctor Américo, sin aspavientos, está reconfigurando el rostro de un sur de Tamaulipas históricamente rezagado.
En ese mismo contexto, es imposible no vincular este hecho con el trabajo legislativo de una de las políticas emergentes más activas en el Congreso: la diputada Cynthia Lizabeth Jaime Castillo.
La excolaboradora del propio Armando Martínez, hoy ocupa con fuerza la presidencia de la Mesa Directiva del Congreso y está dando un paso valiente con la iniciativa de Ley de Identidad de Género.
La propuesta, presentada junto a colectivos trans y defensores de derechos humanos, plantea un proceso ágil y digno para que las personas trans y no binarias puedan modificar sus actas de nacimiento sin patologización ni juicios.
Es una apuesta por la inclusión, por el derecho a la identidad y por la construcción de un Estado que garantice los derechos humanos sin excepción.
Con esta acción, Cynthia Jaime se separa del molde tibio de muchos políticos. Su iniciativa no sólo es progresista, es urgente. Pero, Tamaulipas debe ser muy cuidadoso con estos temas, si bien no puede quedar anclado en prejuicios, para avanzar hacia una legislación moderna, plural y garante se requiere de total seriedad.
Y lo restirego por que como en toda lucha justa, también hay farsas disfrazadas de causas. Un sector pequeño, pero ruidoso, de la comunidad que dice defender derechos termina asumiendo posturas autoritarias, intolerantes e incluso ridículas.
Cuando activistas que exigen respeto se comportan como bufones en busca de foco, el mensaje se diluye y el movimiento se debilita.
La causa es justa, pero no es un circo, y mucho menos el Congreso de Tamaulipas.
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