Los Polillazos
Ciudad Madero no sólo enfrenta baches, basura y abandono: también carga con el peso de funcionarios que escupen sobre el esfuerzo ciudadano desde la comodidad de su cargo. El último y más vergonzoso ejemplo: Jade Estefanía Yáñez Rodríguez, directora de Deportes municipal, bautizada con justa furia como #LadyClasista por las redes sociales, tras despotricar contra un promotor deportivo al que calificó de “tercermundista”. ¿El crimen del promotor? Querer sumar, proponer, dialogar. Pero para Jade, eso es sinónimo de plebeyez.
La escena -digna de un episodio de “La Rosa de Guadalupe” pero sin redención- muestra a una funcionaria que, lejos de promover el deporte, ha convertido su cargo en trinchera de soberbia y desprecio.
En una sola frase insultó a quienes hacen posible que cientos de jóvenes encuentren en el deporte un camino distinto al de la violencia o la apatía. ¿Cómo puede alguien tan desconectada de la realidad social seguir representando al municipio?
La respuesta es tan podrida como conocida: protección política.
El alcalde Erasmo González Robledo, quien alguna vez prometió una administración cercana al pueblo, ahora guarda silencio y ofrece respaldo incondicional a una funcionaria que ha hecho de la arrogancia una marca personal.
¿Qué deuda política lo obliga a cargar con semejante lastre?
Los testimonios son demoledores. Promotores deportivos, profesores y entrenadores denuncian malos tratos, citas canceladas sin explicación, y una negativa sistemática a dialogar.
Incluso en medio de un torneo apoyado por CONADE -en el que se esperaba el respaldo del municipio-, Jade impuso la orden tajante: no habrá comida para el staff. Porque sí. Porque puede. Porque no le importa.
Y la lista de agravios no termina ahí. Cuando los profesores sugirieron que los jóvenes ayudaran a limpiar el área deportiva afectada por la lluvia, como ejercicio de comunidad y disciplina, la directora soltó su ya famosa perla: “Eso es tercermundista”.
¿Tercermundista? Lo verdaderamente tercermundista es tener funcionarios públicos que se creen virreyes y que utilizan el poder para pisotear al pueblo.
Pero detrás del clasismo, se esconde otra peste: el nepotismo. Jade Yañez despidió a un profesor sin justificación alguna, sólo para asignar sus funciones a su propio padre, Miguel Ángel Yáñez González. Todo queda en familia. ¿Y los méritos? Bien, gracias. Tampoco faltó quien denunciara que su hija -jugadora de voleibol- también fue favorecida. El Instituto del Deporte de Ciudad Madero parece más una sala familiar que una institución pública.
Y si aún quedaban dudas sobre la conveniencia de su permanencia en el cargo, recordemos su joya digital de noviembre pasado: un post deseando la muerte de un médico. Sí, lo leyó bien. Una funcionaria municipal deseando ejecuciones sumarias en redes sociales.
El escándalo fue tal que el alcalde intentó destituirla. ¿Resultado? Nada. El poder detrás de Jade la blindó.
El problema no es sólo Jade. El problema es lo que representa: el abuso, el amiguismo, la arrogancia de quienes creen que el servicio público es una plataforma de vanidad y no una vocación de entrega.
La ciudadanía ya despertó. Las redes arden. El desprecio no se olvida.
La pregunta es sencilla, alcalde Erasmo González:
¿Cuánto más está dispuesto a sacrificar por proteger a #LadyClasista?