Era un centro clandestino de adiestramiento del CJNG en Jalisco

En el municipio de Teuchitlán, Jalisco, un rancho identificado como Izaguirre operaba como un centro de entrenamiento clandestino vinculado al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). De acuerdo con investigaciones y testimonios recabados por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, el sitio era utilizado para reclutar a jóvenes bajo engaños y forzarlos a integrarse a las filas del crimen organizado.

Los testimonios señalan que los reclutadores atraían a sus víctimas en la central de autobuses de Guadalajara mediante ofertas laborales falsas publicadas en redes sociales. A los jóvenes se les prometían empleos bien pagados como choferes, electricistas o guardias de seguridad. Sin embargo, una vez que aceptaban, eran trasladados al rancho, despojados de sus pertenencias y sometidos a un entrenamiento extremo.

Durante los operativos realizados por la Fiscalía del Estado de Jalisco (FEJ), se encontraron estructuras rústicas utilizadas en la instrucción de los reclutas, además de libretas con apodos y registros de reclutamiento. Un sobreviviente relató que, al llegar al lugar, contó a más de 200 personas entrenando en condiciones inhumanas. La rutina diaria incluía ejercicios de resistencia, prácticas de combate con armas de paintball, corte de leña, excavaciones y otros ejercicios extenuantes, todo ello bajo amenazas constantes y en condiciones de hacinamiento.

Los reclutas dormían en un galpón con techo de lámina, donde compartían cobijas entre varias personas. La ropa también se intercambiaba entre ellos y, cuando alguien moría o era asesinado, sus prendas eran guardadas en bolsas de basura.

El rancho Izaguirre era solo el primer paso en la estructura de formación del grupo criminal. Quienes lograban sobrevivir eran enviados a estados como Michoacán o Zacatecas para ser puestos a prueba en enfrentamientos. Si superaban esta fase, recibían un entrenamiento más avanzado, dirigido por exmilitares, en el que las armas de paintball eran reemplazadas por municiones reales.

Por el contrario, aquellos que no cumplían con las expectativas eran ejecutados en una zona conocida como «la carnicería». Sus cuerpos eran incinerados en hornos improvisados construidos con piedra y ladrillo, un método documentado por colectivos de búsqueda de personas desaparecidas en distintos puntos del país.

En sus recientes recorridos por el rancho, Guerreros Buscadores de Jalisco encontró tres hornos clandestinos con restos humanos calcinados, más de 400 zapatos, mochilas, cargadores de armas, casquillos percutidos y esposas metálicas. También hallaron rastros de droga y un altar a la Santa Muerte con elementos de santería cubana, evidencia del control y rituales empleados por el grupo criminal dentro del lugar.